En el desierto no hay atajos, y Javier “Jota” Vélez lo sabe mejor que nadie. A los 70 años, el piloto antioqueño vuelve a plantarse frente al desafío más extremo del deporte motor mundial para disputar su sexto Rally Dakar, esta vez desde un lugar distinto, casi romántico: la categoría Dakar Classic, donde la historia también corre contrarreloj.
Vélez regresa a Arabia Saudita del 3 al 17 de enero, acompañado por el navegante argentino Gastón Mattarucco, al mando de una Toyota Land Cruiser J100 de 240 caballos, dorsal 706. Ya no es la velocidad pura de los UTV lo que guía su camino, sino la regularidad, la estrategia y el respeto por máquinas que evocan los orígenes del Dakar. Un regreso a las bases, a una forma más artesanal de competir.
La decisión no fue casual. Tras ganar el Rally Raid de San Juan 2025 con un Can-Am preparado por el GM Motorsport, equipo dirigido por el propio Mattarucco, Vélez optó por cambiar de escenario y de ritmo. El Dakar Classic, reservado para vehículos históricos del cross-country, ofrece una experiencia distinta: menos obsesión por el podio y más comunión con el desierto, el campamento y la travesía.

“Tendré que actualizar el tema de la regularidad que dominaba a los 20 años, pero creo que la comunidad del Classic es más amigable. Van al Dakar a gozar de la experiencia”, confesó Vélez en la previa. El objetivo, claro y sin rodeos: terminar entero y meterse en el Top 10 de su categoría, Periodo C – Grupo H4.
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El Dakar 2026 arrancó en Yanbu, a orillas del mar Rojo, con un prólogo corto pero traicionero: 75 kilómetros de enlace y 23 cronometrados, entre arena, subidas empinadas y zonas donde un error mínimo puede costar caro. Vélez y Mattarucco completaron la jornada sin contratiempos, ubicándose en el puesto 81, con 198 puntos, a apenas tres minutos de los líderes, los italianos Francesco Pece y Simona Morosi.
Más allá del resultado, el mensaje fue claro: el colombiano está en carrera, cuidando la máquina y entendiendo el terreno. Una lectura clave en una prueba que recién empieza y que promete endurecerse desde la etapa 1, con 305 kilómetros cronometrados, mucha piedra y el fantasma permanente de los pinchazos. El Dakar ya no concede treguas.

Serán 13 etapas, un día de descanso en Riad, más de 8.000 kilómetros totales (5.000 contra el reloj) y dos temidas etapas maratón, donde no hay asistencias y cada reparación depende del ingenio propio o de la solidaridad entre competidores. Ahí, la experiencia pesa tanto como el acelerador.
Entre 812 participantes, con Francia liderando en número de inscritos, Colombia tiene un solo representante. Y es, justamente, uno de los más veteranos del vivac. Javier Vélez vuelve a llevar la bandera nacional a lo profundo del desierto saudí, no para desafiar al tiempo, sino para demostrar que la pasión nunca se rinde.
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