En una semana donde el balonmano juvenil femenino busca abrirse paso en el mapa internacional, la ciudad de Veliko Tarnovo se convierte en el escenario de una oportunidad única. Allí, del 7 al 11 de abril, se disputa la fase intercontinental del IHF Trophy, un torneo que no solo entrega un título, sino también un cupo al Mundial junior. Para Colombia, representa algo aún más profundo: competir, aprender y hacerse visible.
La selección colombiana U19 llegó como representante de Sur y Centroamérica a un grupo exigente, enfrentando a Bulgaria, Canadá, Guinea y Uzbekistán bajo un formato todos contra todos, sin finales ni segundas oportunidades. Cada partido es una final en sí misma. Y el debut no fue sencillo.
Ante el equipo anfitrión, Colombia cayó 37-31 en un duelo que tuvo dos historias bien marcadas. En la primera mitad, Bulgaria impuso condiciones con una efectividad del 66% en ataque y una ofensiva liderada por figuras como Melina Spasova (13 goles) e Ivayla Dimitrova (11). Esa contundencia le permitió irse al descanso con una ventaja amplia de 20-13. Pero el segundo tiempo contó otra historia.
Colombia ajustó, resistió y, sobre todo, compitió. Ganó el parcial 18-17 y dejó ver una versión más sólida, más cercana a lo que pretende construir este proceso. La reacción tuvo nombres propios: Sara Arroyave, figura del partido con 12 goles y un notable 71% de efectividad (12/17), y María Celeste González, quien aportó 8 tantos, liderando el juego ofensivo en momentos clave.

Las estadísticas respaldan esa mejoría. Colombia lanzó para un 60% de efectividad (31/52), destacándose especialmente en los lanzamientos de 6 metros (60%) y en situaciones de rompimiento (80%). Incluso desde los 7 metros mostró seguridad, con 5 aciertos en 6 intentos (83%). Además, jugadoras como Valentina Espinosa firmaron una actuación perfecta (8/8), reflejo de la capacidad ofensiva del equipo.
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Sin embargo, el margen de mejora también quedó expuesto. La portería colombiana registró un 21% de eficacia (10 atajadas de 47 lanzamientos), mientras que el equipo acumuló 23 pérdidas de balón, cifras que terminaron inclinando la balanza en un partido que, por momentos, fue más parejo de lo que dice el marcador.
Aun así, hay señales que invitan al optimismo. Colombia no se descompuso tras un primer tiempo adverso, sostuvo el ritmo en el complemento y mostró recursos ofensivos variados ante una defensa europea. En un deporte con poca visibilidad y apoyo en el país, este tipo de actuaciones también construyen camino.

El equipo, dirigido por Mónica Ospina y conformado por jugadoras como Ana María Fernández, Cristina Pérez, Isabella Calle, Jessica Cruz, Dayana Noriega, Luciana Melgarejo, Mariana Arias, Mariangel Arenas, Samanta Chica, Valentina Tenorio y la portera Celeste Cuesta, sigue sumando experiencia en un escenario internacional de alta exigencia.
El reto continúa de inmediato. Este miércoles, Colombia enfrentará a Canadá, líder del grupo, en un duelo determinante para sus aspiraciones. En un torneo donde cada gol cuenta y cada punto puede acercar al Mundial, la margen de error es mínima.
Pero si algo dejó el debut es una certeza: más allá del resultado, Colombia tiene con qué competir. Y en este tipo de procesos, donde el reconocimiento aún es escaso, competir ya es una forma de avanzar.
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