El sonido seco de las ruedas sobre la madera volvió a marcar el pulso del ciclismo de pista en Colombia. En el Velódromo Luis Carlos Galán de Bogotá, la temporada internacional abrió con intensidad, estrategia y una certeza: la Selección Colombia está lista para competir y ganar, en el más alto nivel del continente.
Durante cuatro días, la capital recibió la parada C2 de la Unión Ciclística Internacional, una cita que reunió a pedalistas de 11 países y que rápidamente se convirtió en un escenario de dominio local, especialmente en las pruebas colectivas.

Desde la jornada inaugural, Colombia impuso condiciones. En la persecución por equipos femenina, el cuarteto integrado por Elizabeth Castaño, Luciana Osorio, Lina Hernández y Andrea Alzate firmó una actuación sólida de principio a fin. Tras dominar la clasificación, el equipo nacional se llevó el oro en la final con un tiempo de 4:37.304, superando a México y confirmando su superioridad en la prueba.
La historia se repitió en la rama masculina. Anderson Arboleda, Juan Esteban Arango, Brayan Sánchez y Wilmar Paredes lideraron una persecución contundente que les permitió quedarse con el oro, luego de marcar el mejor registro desde la ronda clasificatoria y sostener el ritmo en la final frente a México.

El dominio colombiano también se trasladó a la velocidad por equipos femenina. Stefany Cuadrado, Juliana Gaviria y Yarli Mosquera impusieron potencia pura en el velódromo bogotano, ganando la final con un tiempo de 1:04.303 y dejando sin opciones a Venezuela.
En la velocidad por equipos masculina, Colombia volvió a estar en la pelea por el oro con Kevin Quintero, Cristian Ortega y Rubén Murillo. Aunque el trío nacional marcó registros competitivos, debió conformarse con la medalla de plata tras caer en la final ante Venezuela en una definición de alta velocidad.

Más allá de las pruebas por equipos, el protagonismo colombiano también tuvo nombre propio. Lina Marcela Hernández ratificó su gran momento al quedarse con el oro en la eliminación, mientras que Stefany Cuadrado volvió a subir a lo más alto del podio en el keirin, consolidándose como una de las figuras del evento.
La competencia avanzó con el mismo nivel de exigencia en la segunda jornada, donde las condiciones climáticas obligaron a detener parcialmente la programación. Un fuerte aguacero interrumpió varias finales, trasladando definiciones clave para el día siguiente. Aun así, antes de la suspensión, los colombianos ya habían comenzado a marcar diferencias en el ómnium y en las rondas de velocidad, manteniendo el control en varias pruebas.

Con la reanudación, el ritmo competitivo no bajó. Las finales pendientes mantuvieron la intensidad y confirmaron lo que ya era evidente: Colombia no solo tenía profundidad en sus figuras consolidadas, sino también una base sólida de nuevos talentos.
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Aunque el foco estuvo en la élite internacional, el impacto del evento también permitió vislumbrar el futuro. Nombres como Juan Felipe Peláez empezaron a destacarse en la pista, reflejando el relevo generacional que acompaña este proceso.

El balance final dejó más que medallas. Colombia sumó puntos UCI clave, se posicionó con autoridad en varias pruebas y, sobre todo, reafirmó su condición de potencia regional en el ciclismo de pista.
En Bogotá, la pista no solo abrió la temporada: confirmó que el país tiene equipo, presente y proyección para seguir compitiendo en el escenario internacional.
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