En medio del Winter Swimming World Championship 2026, que reúne a nadadores de todo el mundo en las aguas heladas de Oulu, Anabelle Ibarra continuó su participación el miércoles con la prueba de los 50 metros libre. La colombiana registró un tiempo de 43.87 segundos, finalizó quinta en su heat y se ubicó en la posición 17° de la clasificación general.
El jueves volvió al agua para disputar los 25 metros libre, donde detuvo el cronómetro en 20.78 segundos. Ese registro la ubicó en la cuarta posición de su serie y en el puesto 27° general entre las competidoras de su categoría.
La nadadora nariñense cerró su participación este viernes con la prueba de los 100 metros libre. En esta distancia pasó los primeros 50 metros en 44.38 segundos y completó el recorrido con un tiempo final de 1:38.21, resultado que la dejó quinta en su heat y en la posición 21° de la clasificación general.
Tras completar sus competencias, la colombiana compartió una profunda reflexión sobre lo que significa enfrentarse a una disciplina tan extrema como la natación en aguas gélidas.

“El dolor no es la palabra para describir lo que sentí nadando 200 metros en agua a −0,2 °C. No sé si fue falta de entrenamiento en agua fría, falta de experiencia o simplemente el respeto que exige este deporte… pero el dolor fue impresionante. Algo que nunca había sentido en mi vida, especialmente en mis manos”, relató.
Ibarra explicó que, paradójicamente, dentro del agua logró encontrar calma y concentración. “En el agua curiosamente no fue así. En el agua fluí, me sentí tranquila, presente. Pero llega un momento en el que sabes que bajaste el ritmo y no puedes acelerarlo más. Es extraño… como si el cuerpo se separara un poco de la cabeza”.
Sin embargo, el verdadero desafío llegó al salir del agua, cuando el cuerpo intenta recuperar la circulación tras el impacto del frío extremo.
“No podía ponerme la ropa. Tuve que pedir ayuda. Mis manos estaban completamente congeladas y sentía como si tuviera rocas pesadas en ellas. Y luego el sauna… que muchos creen que es alivio inmediato. Pero no. Cuando la sangre vuelve a circular el dolor se vuelve aún más intenso. Toma unos tres o cuatro minutos volver a sentir las manos”, contó.

Incluso días después de la competencia, las secuelas del frío seguían presentes. “Todavía siento cosquilleo y las yemas de mis dedos siguen sin sensibilidad”, explicó.
Precisamente por esa experiencia decidió no disputar la prueba de 450 metros que tenía programada en el campeonato, priorizando su bienestar físico y mental para poder continuar con las demás distancias.
“No me sentía preparada mentalmente para ese siguiente paso. Solo puedo aplaudir profundamente a quienes lo lograron, y especialmente a esas mujeres valientes que completaron cada una de las pruebas. Mis respetos totales”, expresó.
Le puede interesar: Colombia se lleva el título del World Team Cup Americas de tenis en silla de ruedas
Más allá de los tiempos y las posiciones, la deportista colombiana destacó el valor humano y personal de esta experiencia en uno de los escenarios más extremos del deporte.

“Yo me llevo algo enorme: la satisfacción de haber enfrentado algo muy fuerte. Y el cariño inmenso y cuidado de gente tan especial de esta hermosísima comunidad de nadadores del hielo”, concluyó.
Así terminó la participación de Anabelle Ibarra en el campeonato mundial, una experiencia que no solo puso a prueba los límites físicos del cuerpo humano, sino también la fortaleza mental necesaria para enfrentarse al hielo.
Desde las aguas de la Laguna de la Cocha, donde entrena habitualmente, hasta las temperaturas extremas de Oulu, la nadadora de Pasto llevó el nombre de Colombia a uno de los escenarios más desafiantes de la natación mundial, siendo además la única representante del país en el campeonato. Un logro que confirma su valentía y abre una ventana poco explorada para el deporte colombiano: la natación en aguas gélidas.
Escúchenos en Spotify acá.





