La Copa del Mundo de Patinaje Artístico 2026 comenzó en Buenos Aires marcando un punto de inflexión para este deporte a nivel internacional. Más que un nuevo formato, la competencia representa una evolución en la estructura competitiva, con mayor exigencia, continuidad y visibilidad.
Con una delegación de 49 patinadores, Colombia aterrizó en Argentina con la mezcla perfecta entre experiencia y juventud. Desde los más pequeños que empiezan a soñar, hasta los campeones que ya conocen la gloria, todos entendían que esta no era una competencia más. Era el comienzo de un camino que conecta continentes, eleva el nivel y pone al patinaje artístico en un escenario global más exigente.
El encargado de abrir el telón dorado fue Brayan Carreño. El múltiple campeón mundial volvió a demostrar por qué es uno de los grandes referentes del planeta. En la final de solo danza sénior, su rutina fue precisión, ritmo y carácter. Con 162.07 puntos, no dejó dudas: oro para Colombia. Su actuación no solo superó a rivales europeos y estadounidenses, sino que marcó el estándar de lo que significa competir en esta nueva Copa del Mundo.

La inercia dorada continuó con Jeshua Folleco, quien en la categoría júnior de solo danza firmó una presentación brillante. Técnica limpia, interpretación sólida y nervios de acero para imponerse con 144.42 puntos en una final cerrada. Otro oro para Colombia, otro mensaje claro: el presente es fuerte, pero el futuro también.
Y ese futuro se confirmó en pareja. Folleco volvió a escena, esta vez junto a María Paula Muñoz, para conquistar el oro en danza sénior en pareja con 156.96 puntos. Fue una rutina que combinó sincronía y emoción, consolidando a Colombia como potencia también en el trabajo en conjunto.
El cuarto oro llegó con Paulina Ruiz en el programa corto libre femenino. Su presentación fue elegante, precisa, sin fisuras. Con 49.47 puntos, se subió a lo más alto del podio, ampliando la cosecha dorada y reafirmando la solidez del equipo colombiano en distintas modalidades.

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Pero el camino no fue solo de victorias absolutas. También fue de lucha, de resistencia, de subir al podio desde la batalla.
Miguel Arango aportó la única plata colombiana en el programa corto libre masculino, también con 49.47 puntos. Su actuación lo dejó muy cerca del oro, en una competencia cerrada donde cada detalle marcó la diferencia.
Los bronces, por su parte, contaron historias propias. Breiner Mosquera, en solo danza cadetes, mostró el talento emergente del país para quedarse con el tercer lugar. Yosetf Ian Vidal Angulo hizo lo propio en libre espoire, representando a esa generación que apenas empieza a escribir su historia.

En pareja seniores, Aly Barón Supelano y Lenny Rodríguez lucharon cada elemento de su rutina para asegurar otro bronce, mientras que Jacobo Viera e Isabela Amaya cerraron la cuenta en danza pareja júnior con una presentación sólida que también terminó en el podio.
Al final, el balance fue contundente: nueve medallas (cuatro oros, una plata y cuatro bronces). Pero más allá de los números, lo que dejó Colombia en Buenos Aires fue una sensación clara de protagonismo y dominio.
La Copa del Mundo apenas comienza. El siguiente destino será Alemania y luego la gran final en Italia. El camino es largo, la exigencia aumentará, y la presión será cada vez mayor.
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