Competir en un Campeonato Mundial siempre representa un desafío. Hacerlo con tres selecciones nacionales y terminar entre las diez mejores del planeta en cada categoría confirma el crecimiento que ha experimentado Colombia en el ultimate, una disciplina que, hace poco más de dos décadas, apenas comenzaba a abrirse camino en el país.
El WFDF World Junior Ultimate Championships 2026, disputado en Logroño (España), reunió a las mejores promesas del deporte en las categorías open, femenina y mixta. Allí, las selecciones colombianas afrontaron una intensa semana de competencia frente a las principales potencias mundiales, dejando actuaciones destacadas y consolidando el lugar del país entre los referentes internacionales de esta disciplina.
La primera jornada dejó sensaciones encontradas. El equipo open comenzó con autoridad al imponerse 13-1 sobre Irlanda, mientras que la selección femenina cayó 11-7 frente a República Checa y el combinado mixto debutó con derrota 13-4 ante Canadá.

En el segundo día llegaron las primeras reacciones. El equipo open alternó una derrota ante Francia (13-9) con una convincente victoria sobre España (13-3), mientras que la selección femenina volvió a ceder, esta vez frente a Nueva Zelanda por 11-6. El conjunto mixto, por su parte, consiguió su primer triunfo del campeonato al superar 10-6 a México.
La competencia continuó exigiendo el máximo nivel. La selección femenina no logró encontrar regularidad y sufrió nuevas derrotas frente a Italia (13-7) y Gran Bretaña (12-7). Entretanto, el equipo open cayó ante Alemania (11-8), mientras que el conjunto mixto volvió a responder con una sólida victoria de 13-7 sobre España para mantenerse con opciones de avanzar.
La cuarta jornada dejó una de las mejores actuaciones colombianas. El equipo femenino consiguió su única victoria de la fase de grupos al derrotar 13-8 a España, aunque posteriormente perdió frente a Francia por 13-6. En la categoría open, Colombia derrotó 12-10 a Israel, mientras que el combinado mixto no pudo mantener el impulso y cayó frente a Hungría (10-7) y Australia (12-7).

Durante el último día de la fase de grupos, el equipo open perdió sus compromisos frente a Italia (13-5) y Bélgica (12-8), resultados que cerraron una campaña competitiva que le permitió mantenerse entre los mejores del torneo. Por su parte, el conjunto mixto sumó un nuevo triunfo al vencer 13-4 a Irlanda y aseguró su clasificación a la ronda de eliminación directa.
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Al finalizar la fase inicial, el balance dejaba a Colombia con el equipo mixto clasificado a los cuartos de final tras ocupar el cuarto lugar del Pool B con tres victorias y tres derrotas. La selección femenina terminó sexta en su grupo con un triunfo y cinco caídas, mientras que el equipo open finalizó tercero en su grupo, avanzó al power pool y concluyó esa instancia con una victoria y cuatro derrotas.

El conjunto mixto afrontó entonces el mayor reto del campeonato: medirse a Estados Unidos en los cuartos de final. El favoritismo norteamericano se hizo sentir y Colombia terminó cediendo por 13-5, despidiéndose de la lucha por las medallas, aunque todavía con la posibilidad de pelear por las mejores posiciones del certamen.
En la recta final del Mundial, las tres selecciones buscaron cerrar de la mejor manera su participación. El equipo mixto terminó en la octava posición del mundo tras caer nuevamente ante Hungría (11-10) y Australia (13-9). El equipo open derrotó 13-10 a Gran Bretaña antes de perder 13-7 frente a Israel, resultado que lo ubicó en el décimo lugar del campeonato. Finalmente, la selección femenina venció 13-10 a Alemania y cerró el torneo con una ajustada derrota 11-9 frente a Nueva Zelanda para finalizar también en la décima casilla mundial.

Más allá de los resultados, la participación colombiana adquiere un valor especial por las condiciones en las que se produjo. Los tres equipos lograron competir en la máxima cita juvenil del ultimate pese a que los propios deportistas tuvieron que gestionar buena parte de los recursos para financiar sus viajes, alojamiento y necesidades deportivas.
Ese esfuerzo, sumado a los resultados obtenidos, refleja el crecimiento sostenido de un deporte que en Colombia encontró mucho más que una competencia: un proyecto de formación que ha transformado comunidades, promoviendo valores como el respeto, la honestidad y la resolución de conflictos a través del diálogo.
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